Piranesi
No, no vengo a hablar del arquitecto italiano del siglo XVIII, no... Vengo a hablar de algo más trascendental e importante, el libro de Susanna Clarke.
Abrí este libro sin pensar en lo que es, ni en lo que sería, la verdad. Yo leí que se trataba de algo de fantasía y dije que sí.
Debido a la cantidad de spoilers que una reseña de este libro podría contener, no incluiré ninguna, ni una sola cita, solo hablaré de lo que sentí.
Primero que nada, fue el sonido del mar, eso no me lo esperaba, qué bella es La casa, eso sí.
Este libro era solo un suave paseo entre unas ruinas, entre estatuas silbantes y rodeado por agua. Hasta que no lo fue. Y cuando dejó de serlo, no pude soltarlo. Me atrapó en el oleaje, en la marea, en las estatuas, ¿o acaso me convertí yo en una de ellas?
No pude dejar de leerlo, y agradecí cada vez que no superase las 250 páginas, que fuesen menos, porque de haberme quedado ahí de seguro hubiera enloquecido, si hubiese sido una locura eufórica o paranoica solo quedará para ser debatido en un café con alguien que haya estado en el lugar donde este libro me llevó.
Piranesi, Piranesi... La verdad es que ni siquiera sabía que hubo alguien en la historia del mundo con ese apellido, ni mucho menos lo que había hecho, todo su trabajo y todo su honor, pero cuánto he aprendido en tan solo estas páginas que Susanna dedicó.
Tanto me perdí en este libro que hice una de las pinturas más grandes que he hecho en mi vida, dejé atrás otras publicaciones para hacer esta, para hacer hasta una pieza ambiental, tanto me ha encantado este mundo.
No había terminado el libro cuando terminé la pintura, no sabía a dónde me llevaría, solo sabía que me había metido en una especie de euforia creativa en la que tenía que terminar todo de inmediato, no fuere que la inundación me consumiese.
Al final, cuando emergí de entre estas páginas, mirando hacia los adornos navideños de casa, mirando hacia las paredes blancas, en cierto modo anonadado por lo que había visto, solo pude respirar, como si hubiese salido de entre las paredes de este mundo, o a través de ellas, y hubiese vuelto a esta realidad, con este cielo azul, alejado del mar.
Oh, cómo quisiera volver, cómo quiero volver...
Quizás mentí, les dejaré con una sola cita, tengo que hacerlo, tengo que dejarla, es la mejor manera de recomendar esta belleza de libro.

Que el silencio les acompañe, y nunca se queden tanto en Casa que olviden las cosas importantes, que no va de eso la cosa.




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